30.12.12

RUEDA DE LA VIDA



Girando en la Rueda de la Vida
Siento la pertenencia a la Tierra
habitando cada transición de sus ciclos
viajando por el océano misterioso
como a lomos de una ballena vieja,
más antigua que el espacio y el tiempo.

Aunque yo me quiera separar de ella
no puedo hacerlo, pues no hay yo;
Aunque me crea separada de ella
No es real, pues no hay yo;
Mi carne es su carne
mi respiración su respiración
mis aguas su circulación
mi espíritu su esencia de amor.

Siempre te pertenezco, Madre Tierra,
danzamos giros universales,
sujetos a las leyes del útero
que alumbra todo lo que existe.

En el giro conectamos con el centro
pues el hombre, insignificante,
une en sí mismo a la Tierra, el Cielo
y a todo el Universo.

Insignificante como un pequeño átomo
que gira en la materia del mundo
que hace y deshace su giro 
en cada vuelta de la Rueda
alrededor de su núcleo,
engarzada en la trama
de soles infinitos 
que nadie teje,
diluida
en cada respiración
en cada giro
del amor nacido,
en la sustancia
del corazón.

Girando olvidamos la materia,
recordamos la sustancia incolora,
tal vez silenciosa,
creadora del amor. 

En cada giro morimos,
en cada giro renacemos
al cambio incesante
del universo.

La consciencia de ser
Una con Todo
revela la naturaleza
eterna de la vida,
y podemos seguirla.

El Tao es misterioso
todo lo contiene
no hay moral en él,
sólo es lo que Es.

El ser humano navega
girando sin miedo,
desgaste ni fricción,
conectado
a la Madre Tierra, 
a las estrellas
con su vehículo carnal
en la Rueda de la Vida
realiza su potencial.

En su naturaleza
puede descansar,
hacer sin hacer
es la llave
de su felicidad.

TR


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