" Bosque.
Miles de cuerpos-de-árboles y el mío;
las hojas saludan,
los oidos oyen la llamada del torrente,
los ojos ven en el cielo de mi mente,
una media sonrisa se manifiesta
en cada hoja.
Hay un bosque aquí.
Porque yo estoy aquí.
Pero la mente ha seguido al bosque
y se ha vestido de verde.
Las sensaciones dentro de nuestro cuerpo son un torrente ininterrumpido, tanto si somos conscientes de ellas como si no; por tanto, "cerrar todas nuestras puertas sensoriales" es de hecho imposible. Aun si fuéramos capaces de bloquearlos de alguna manera, la mente y la consciencia continuarían trabajando, y tendríamos imágenes, conceptos y pensamientos surgiendo de la memoria.
Algunas personas piensan que meditar es separarnos del mundo de los pensamientos y sensaciones para regresar a un tipo de estado mental puro en donde la mente se contempla a si misma y se vuelve "mente verdadera". Es una idea fascinante pero a menudo engañosa. Puesto que la mente no está separada del mundo de los pensamientos y sentimientos, ¿cómo puede partir y retirarse de sí misma? Cuando miro a los árboles delante de mi, mi mente no sale de mi para ir al bosque, ni tampoco abre una puerta para permitir entrar a los árboles. Mi mente se fija en los árboles, pero no son un objeto distinto. Mi mente y los árboles son uno. Los árboles sólo son una de las maravillosas manifestaciones de la mente.
El sabio entra en samadhi y él o ella no sabe que hay un "mundo interior" que hay que descubrir. El mundo se manifiesta a si mismo aun cuando los ojos permanecen cerrados. El mundo no es ni interior ni exterior. Es vital y completo en cualquier objeto de contemplación -la respiración, la punta de la nariz, un kung-an, o cualquier otra cosa-, tan diminuto como una mota de polvo o tan grande como una montaña. Sea el objeto que sea, no está fragmentado de la realidad última. De hecho, contiene la amplia totalidad de la realidad."
El Sol, mi Corazón. Thich Nhat Hanh. Ediciones Dharma.


