"La vida podría ser una creación constante, podríamos asistir al maravilloso espectáculo de una creación nueva en cada instante, donde no tenga sentido el aburrimiento, ni la repetición, ni la apatía, ni la agresividad, ni el miedo. Nuestra realidad está en aquello que no se ve, que no tiene forma, en aquello que no es conocido ni nombrado por el pensamiento.
(...) En la superficie todo es movimiento, nada permanece, pero desde la visión verdadera, desde la presencia de lo real, ese movimiento que aparece en la manifestación se vive en serenidad, en paz. El universo en su constante cambiar, desarrollarse y transformarse, puede vivirse en profunda paz cuando no se produce la identificación con ninguno de los puntos del movimiento. La vida como creación está creando una maravillosa danza que no se detiene. Hay que estar siempre bailando en la vida, porque la expresión existencial es total movimiento. Si creo que la realidad es eso, imaginaré una inquietante experiencia. Mientras que si mirara desde una visión totalizadora, si viera que estoy bailando esa danza desde la belleza que soy y expreso, habría creación. Si fuera consciente de ser esa vida en movimiento constante que gira a veces de una manera, a veces de otra, dirigida bellamente por la inteligencia, mi esencia y la esencia de todo, no me angustiaría en ninguno de sus giros. Al no identificarme con aquello, estaría libre, y en esa libertad permitiría la creación de la obra de arte del vivir espontáneo"
La revolución del silencio, el pasaje a la no-dualidad. Consuelo Martín. Editorial Gaia.




