7.11.09

LA CRISIS, NAVEGANDO LAS SOMBRAS




¡Hala! A apretarse el cinturón, cuando ya no hay más cuerpo que apretar. A vivir del sol y del aire y de la gracia divina, porque lo que es de la comida, va a ser que no. En esta semana de primeros de mes la crisis arrecia y hace unos días una alumna sin demasiados aprietos económicos me dijo algo que en prosa poética sonaría más o menos así: 
    Sonríe amiga y sé positiva, que para eso eres una mujer espiritual. Ábrete y sé receptiva, que es que al panadero no puedo negociarle su dinero, porque entonces no me da mi pan. Pero a ti no te va a importar ¿verdad? Tú estás para escucharme y entenderme y como eres encantadora y una buena persona seguro que a ti te da igual. En vez de pagarte un mes entero te pago la mitad, y si eso te afecta tú te lo trabajas y ya está, que para eso estás en un camino espiritual. Que en este mes hay puente y tengo que irme a Alburquerque o tal vez a las islas Caimán, ya veré por lo que me da. Mucho ánimo con la crisis, tú sigue así que sobrevivirás.
    Se ve que las mujeres espirituales no tenemos que pagar nuestras facturas como cualquier hijo de vecino y que nos volvemos malas personas por reclamar el cumplimiento de los compromisos acordados previamente. Es lo que hay. Todos tenemos nuestras prioridades y en todo momento somos libres de decidir lo que queremos que esté o no en nuestras vidas, pero si nos sentimos frustrados o culpables de nuestras decisiones me parece que está de mas cargar a otras personas con las reacciones que en nosotros genera lo que  decidimos. Todos incurrimos en este hecho alguna vez, de una forma u otra. Cuando sentimos que el cinturón aprieta, se agitan miedos muy básicos y naturales. Pero muchas veces no somos conscientes de lo que decimos o hacemos llevados por ellos. Son tiempos de sombras, pero también de luz. Podemos darnos cuenta de estos mecanismos y tomar conciencia de cómo nuestras decisiones afectan a los demás, valorarlo y elegir nuestras opciones con libertad, pero también dejando libres a los otros de nuestras cargas.
    Navegar por las sombras supone aceptar las oscuridades internas, la realidad desnuda, observar nuestras reacciones y asumir sus consecuencias. Esto se convierte en uno de esos testajes iniciáticos que nos hacen resurgir con más fuerza si nos abandonamos a la intuición y seguimos la corriente del movimiento de nuestro Ser. Eso a veces supone decir sí a cosas que quizás de entrada no nos gusten y decir no a lugares donde nos gustaría estar. Revolución necesaria y cambio de piel. Hace falta una escucha sincera, rigor, energía vital y rendición para fluir con nuestra naturaleza profunda y "dejar hacer" (wu wei) en contacto y fusión con las fuerzas transformadoras que operan en nosotros. Saber morir y desprenderse de todo nos hace renacer, inmersos en el flujo interno que nos anima. 
    Hace falta fe y valentía, rendirse al río, para que nos lleve a lugares que no están hechos para ser visitados por una mente que juzga, sino vivenciados como parte del crecimiento de nuestra profundidad como Ser. Sentir y observar, escuchar y seguir sin juicios de valor, abiertos y firmes en nuestro corazón. El río se funde con el mar y allá que nos lleva siempre. Aunque nos parezca que el camino es a veces sombrío, nuestro Ser nos conduce hacia la luz. Hay momentos en que sentimos que esto es una cuestión de fe y otros en que lo vivenciamos como una realidad palpable. Hace falta firmeza y rigor, que forman también parte de lo que llamamos amor. Atravesamos una iniciación, un despertar que desemboca en el mar del corazón, en la renovación del amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...