23.9.09

VIENTO DE OTOÑO




Eh! Eh! ¿Quién anda ahí? ¿Quién interrumpe mi sueño recogiendo pequeños susurros y llevándolos a mi oido, alentando el canto y la danza de las hojas? La naturaleza comienza a replegarse con un espectáculo esplendoroso, en el que toda ella participa y especialmente la diversidad de arboleda que se da por estas tierras... está toda encendida y ¡hay que celebrarlo!, me dicen las hojas. Pero ¿quién roza mi pelo y mi piel con caricias redondeadas y ráfagas que pintan mi cuerpo con una tinta invisible y placentera? Pinceladas suaves y delicadas unas veces, firmes y decididas otras... ¿Eres tú, viento del norte? Soy tu lienzo gozoso cuando me tocas y bailamos una celebración a la vida efímera y eterna, una sucesión de instantes que pasan y se transforman igual que las nubes...
     Has venido esta mañana para jugar con las hojas caídas y dibujar con ellas cientos de tapices distintos sobre la piel de la tierra... la creatividad desbordante e impaciente se derrama por ella en arroyos dorados y rojizos. Has venido a reír y gozar de estos instantes eternos y sagrados, remansos de fluidez y energía cristalina, con el ímpetu de un arroyo joven de la montaña antes de petrificarse con los fríos del invierno... Tú juegas y acaricias, y las hojas te acogen y te responden, ambos unidos en un movimiento que nutre mutuamente, creando una onda de creciente alegría, que celebra la vida.
    Has venido a ayudar a que las cosas viejas se caigan, a que eso que ha muerto se transforme, a desnudarnos y transportar en tu grupa todo aquello que deberá renacer de otra manera. Así que pasa, pasa, y llévate a un lugar donde pueda ser aprovechada esa energía de las cosas que tampoco me sirven ya a mí. Cosas internas y externas... las devolvemos al mar de la vida, a través de la senda oscura que todo lo transforma en luz, reciclándolas y alumbrándolas de nuevo.
    No olvides, viento, dibujar mi cuerpo con tu sonrisa, como haces con las hojas sobre las que te derramas y ofréceme tu aliento, aunque sea un poco frío hoy, porque está lleno de alegría, calor y vida. Yo te respondo titilando con la luz suave de las estrellas, con el cálido amarillo de las hojas que brillan hoy al sol lanzando al viento la carcajada alegre de un reflejo dorado que sólo algunos sabrán ver.
    A tí te envío este mensaje a través del viento, danzando con él para que te lo entregue allá donde tú estés y te impregne con el calor de la vida, del corazón... un mensaje escrito con placer sobre una dorada hoja de otoño.

3 comentarios:

  1. Y yo lo recibo hoy, dos años después...igual de fresco, igual de cálido. Lleno de vida y con color a otoño... y me reconforta. GRACIAS, por tu danza.
    Yolanda.

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  2. Gracias por gozar esta danza dorada, Yolanda!!

    Te envío un beso con el viento...

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  3. Bella Yolanda... ya Eres esa danza.

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